Tonterías que hacen pensar. Sólo he estado en el 7% de países del mundo, así que mi mapamundi es éste. Aunque no es lo mismo la percepción que se tiene de un país cuando se ha vivido en él que cuando se ha ido sólo de turista, da que pensar que en general de primera mano conocemos muy pocos sitios de nuestro planeta. El resto, todo son ideas y prejuicios que nos hacemos a través de libros, películas y las noticias.
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Perdonadme si últimamente no escribo mucho aquí, concentro todos mis esfuerzos en escribir un paper con el suficiente interés para ser publicado.
Hoy he ido al estudio de, vamos a llamarle arquitecto X, sin exagerar, el considerado más cool de Japón en estos tiempos. Ya podéis imaginaros qué o-todopoderosa diosa me dio el contacto y tras insistir y explicarles de que va la cosa, me han dado cita. Les dije que me apañaría para llegar, voy con una hora de sobra para encontrar el sitio, con un mapa de mierda (los japoneses no son los mejores para dar indicaciones) que además estaba todo escrito en kanji. Llego a un antro muy extraño, en un edificio industrial, convencida de que las pelis de terror japo las deben grabar en un sitio parecido. Subo a la 6a planta por las escaleras, el ascensor ni funciona.
Total que abro la puerta, todo muy raro porque no estaba escrito ni el nombre ni nada, abro y veo a cinco japoneses sentados en sendos retretes, medio a oscuras con otros tantos retretes alrededor. Cierro la puerta asustada y bajo seis pisos en un plís, porque obviamente, el estudio de X no puede ser en un sitio así.
Ya en la calle, vuelvo a mirar, y todo coincide, el Family Mart enfrente, los putos kanjis, todo. Aún así, y a pesar de que me mata pedir auxilio, pregunto a un poli que pasa en bici, y me confirma que debe ser ahí. Resignada, vuelvo al sitio de los retretes. Entro, y el señor X, super arquitecto del universo, me invita a tomar asiento. Ya os imagináis dónde. Estaban probando cuál era el modelo más guay.
En estos tiempos en que muchos de vosotros os vais, escribo este post para los que nos quedamos (que podría decirse que somos cuatro gatos, pero es que ni siquiera somos cuatro…).
Quién no ha echado la vista alrededor en alguna ocasión y ha exclamado: ¡qué coño hago yo aquí!, en un momento de desesperación.
En el caso particular de Japón, las razones, o mejor dicho, las excusas que inventan los gaijin, o individuos no nacidos aquí, para no abandonar la isla son, sin orden de importancia:
1. El contrato o beca. Los contratos están para cumplirlos. En Japón, los contratos parece ser que se pueden interpretar de muchas maneras incluso de la contraria, aún así la mayor parte de expatriados suelen ser leales a la causa durante los X años/meses que dura su misión, que a veces consiste en calentar su silla y dar algo de lo que cotillear a sus compañeros japoneses.
2. El idioma. Es la mentalidad: “Tengo que aprender japonés como sea y si no lo hago yo, al menos que lo hagan mis hijos” (típico). A mí por fortuna, esto no me va a pasar, porque como todos sabéis, mi japonés es ya casi perfecto
3. La prescripción de los delitos. Este es una de las excusas que algunos no quieren confesar, pero que en el fondo son sus oscuros motivos para haber venido al otro lado del mundo… y a un país que detestan.
4. Las cazagaijins. (O como las bautizó Antonio sin darse cuenta, de forma muy apropiada, las “cazafantasmas”). Algunos expatriados sufren la llamada “fiebre amarilla” y son portadores de todo tipo enfermedades venéreas algunas de ellas todavia por descubrir. En sus lugares de origen, llevaban cinco años sin conseguir un número de teléfono pero aquí solamente les bastaron 48 horas. Gracias a las cazagaijins, su ego está por las nubes. Por su autoestima, más vale que no vuelvan nunca a sus lugares de origen.
5. La tarea pedagógica no ha acabado. Estos gaijins no se irán contentos hasta que medio Japón conozca el calimocho, la tortilla y el chorizo de su pueblo. Son los auténticos vendedores de la cultura española. Con lo que se gastan en el Instituto Cervantes y pagándoles la estancia a varios de ellos acababa medio Tokyo hablando español.
6. Porque en Japón no hay canción del verano. (y que sirvan los videos de aquí abajo para recordar que Los Pirineos están ahí por algo, que bastante tenemos con lo de casa).
Siento la horterada, sé que no tengo perdón… ¿Se os ocurren más razones para seguir en Japón?

