burkas y minifaldas

Kazuyo Sejima tiene un merecido Pritzker 2010, y la repercusión mediática en los medios (arquitectónicos y generales) ha sido bestial. Pero viéndolo desde aquí, me gustaría aportar otro punto de vista, en el que a mi juicio no se incide lo suficiente.
Foto de Annie Liebowitz
No sólo ha ganado el Pritzker, sino que es una mujer de 54 años, en Japón, que dirige su propia empresa (dónde por cierto, emplea a muchas mujeres) y que no está casada. Y esto, es una situación bastante extraordinaria en este país.
En España, somos los suficientemente machistas como para hablar de esta forma de esta mujer: en 1997, escribe Vicente Díez Feixat en la revista Arquitectura Viva Nº52: “Kazuyo Sejima (1956) es hoy, probablemente, la persona que levanta una mayor expectación en Japón. Pero su modestia le impide adoptar un papel de portavoz. Formada en el taller de Toyo Ito, desarrolla una arquitectura femenina, económica, ligera y transparente”. (sacado del artículo Utopías Japonesas).
Pues vaya si ha adoptado el papel de portavoz, y eso que sólo le dedica un par de líneas en el artículo, la mayoría de los demás arquitectos que mencionan son, ahora y antes, unos desconocidos fuera de Japón: ¿en España, quién conoce, a Kiyoshi Sei Takeyama o a Atsushi Kitagawara? Además, ¿qué es la arquitectura femenina? ¿en qué consiste? Nunca he entendido muy bien por qué motivo el orden dórico era masculino y el corintio femenino. Ni todos los hombres son unos bestias, ni todas las mujeres unas sensibleras. Ya está bien de tanto lugar común.
Decía pues, que su situación es extraordinaria. Primero porque este es un país en el viejo dicho confuciano de que “la mujer debe obedecer a su padre en la juventud, a su marido en la madurez y a su hijo en la vejez”, sigue teniendo validez. Aquí, no es poco habitual que las mujeres renuncien a su empleo al casarse para hacerse cargo de su hogar. Los hombres, en cambio, seguirán trabajando y más bien recibirán un aumento de sueldo por “los gastos extras”. He escuchado que en algunos casos, cuando la mujer decide seguir trabajando, puede incluso sufrir una reducción de sueldo pues “será mantenida por su marido”… Es más, cuando una mujer se casa, no sólo pierde su apellido sino que deja de pertenecer a su familia y  pasa a ser parte de la familia del esposo, y tiene obligación de hacerse cargo de los padres del marido, más incluso que de los suyos propios.
Si una chica no se casa antes de los 25 años será llamada tristemente un Christmas’ Cake (Pastel de Navidad), pues “nadie las quiere después del 25…”
Hasta Shin Chan se casa

Japón es uno de los pocos países dónde el uso del preservativo descendió a partir de la década de los noventa (a pesar de la amenaza del SIDA, que hizo que su uso aumentara por lo menos en Europa). Más increíblemente, la píldora anticonceptiva fue legalizada en 1999, aunque según esto, más del 70% de las mujeres nunca se plantearán utilizarla, ya que los rumores dicen que te dejará estéril, distorsionará tus emociones y destruirá los ciclos biológicos de tu cuerpo (ahí es ná). Así les va, y aquí las  dekichatta kekkon できちゃった結婚, (bodas de penalty) por lo visto están a la orden del día, sobre todo en los medios rurales.
Después de casi dos años aquí, tengo mi teoría (posiblemente errónea) sobre porqué todo esto funciona y las japonesas lo aceptan de buen grado. Y es que en un Japón dónde las horas de trabajo son infinitas, las vacaciones escasas o inexistentes, objetivamente, es casi mejor ser maruja.  En Japón, las casas son más pequeñas que en España, dan menos que limpiar, y su poder adquisitivo les da para un montón de aparatitos que te facilitan el trabajo. Además, si sólo tienen un hijo, que pasa tantas horas o más que el marido fuera de casa, la mujer está “libre” gran parte del día, para hacer vida social, cursos de ceremonia del té, de cocina, de ikebana o lo que les venga en gana. Visto así, es casi mejor que trabajar 14 h en una oficina…
Para los japos, las japonesas son las mejores madres del mundo. Quizá tiene que ver que a los niños cuando son pequeños las madres les tienen mimadísimos, les compran todo lo que quieren, les dejan comer lo que les de la gana, etc, porque cuando estén en el colegio (y más tarde preparándose para los durísimos exámenes de entrada en las universidades) ya tendrán tiempo de inculcarles una disciplina casi militar…
Pero hay cosas ante las cuales no veo explicación posible de cómo puede no rebelarse la sociedad japonesa, como son las publicaciones como ésta , dónde niñas de 9 años son exhibidas en bikini para gusto del público masculino (y menos mal que aquí no hay obispos).
En este contexto, Sejima (que además estudió en una Universidad de Mujeres) ha ganado el Pritzker. Y eso no deja de ser algo extraordinario.
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6 comentarios sobre “burkas y minifaldas

  1. Marta, excelente post :D. Hay muchas cosas que dan pena de la sociedad japonesa, igual que hay otras que son ciertamente envidiables (como la seguridad ciudadana). Y el aprender estas cosas es lo mejor que podemos llevarnos de vuelta. Porque volveremos, al menos para los europeos no existen muchos motivos por los que alguien quisiera quedarse aquí de por vida.

    1. hay cosas de las que hemos hablado tantas veces y que sin embargo nos olvidamos pues ya se han convertido en la “normalidad”. algunas las echaremos de menos (tiendas abiertas 24h) y otras no (sociedad hipócrita y borreguil).
      pero no hay ningún país por ahora que lo tenga todo, lo bueno es que hay bastantes para elegir!

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